Durante los meses de otoño e invierno, la montanera marca el periodo más importante en la cría del cerdo ibérico. En las dehesas de Extremadura, los animales se alimentan de manera natural de bellotas, hierbas y raíces, recorriendo amplias superficies que les permiten desarrollar una musculatura equilibrada y una infiltración de grasa que garantiza el sabor y la jugosidad característicos del ibérico de bellota. Este proceso, que se extiende generalmente de octubre a febrero, es esencial para que los productos finales alcancen los estándares de excelencia reconocidos a nivel nacional e internacional.

La Denominación de Origen Protegida (DOP) Dehesa de Extremadura supervisa cada fase de la montanera para asegurar la calidad y autenticidad de los cerdos ibéricos. Desde la verificación de la raza y la pureza de los ejemplares hasta la certificación de que las dehesas cumplen con las condiciones adecuadas de superficie y alimentación, la DOP garantiza que solo los cerdos que cumplen todos los requisitos reciban la certificación de ibérico de bellota.

Durante este periodo, técnicos de la D.O.P. realizan inspecciones periódicas para controlar el bienestar animal, la densidad de cerdos por hectárea, la correcta alimentación y la trazabilidad de cada ejemplar. Se registran datos como el peso de entrada y salida de la montanera, asegurando que el engorde se realiza conforme a la normativa y manteniendo la excelencia del producto final.

Además, la D.O.P. Dehesa de Extremadura certifica y avala los productos derivados del cerdo ibérico, garantizando a los consumidores la autenticidad y la calidad de jamones, paletas y lomos. Su labor protege no solo al producto, sino también la sostenibilidad de las dehesas y la conservación de un ecosistema único, combinando tradición, cuidado del animal y respeto por el entorno natural

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